Fusil ametrallador.
El arma del pelotón.
No siendo orgánico de ninguna unidad en aquella época, se le encuentra empleado como ametralladora, pero en cantidad inapreciable. Existieron el Rexer y el Hotchkiss.
Subametralladora.
De empleo esporádico y reducido.
En las postrimerías de nuestro movimiento armado, llegó al país la sub-ametralladora Thompson, calibre 0.45" y modelo 1911.
Aunque esta arma emplea cartuchos del calibre indicado, con balas de 230 granos y 200 granos, aquí se empleó la última, que es el cartucho corriente para la pistola del mismo calibre. Sus principales características eran:
Velocidad en la boca: 308 m. Por segundo.
Alcance absoluto: 502 m.
Alcance efectivo: 65 m.
Emplea cargadores rectangulares de 20
cartuchos y cargadores circulares (tambores) para 50 y 100 cartuchos.
No tiene empleo táctico en el combate, si no es usada por tiradores especializados en la fase final del asalto; es un arma apropiada para policías mi litares. Puede usarse con su culata, desmontable, apoyándola sobre el pecho, o mejor, descansando en la cadera, lo que permite afianzar el tiro, pues tiene la tendencia a levantar la boca en el tiro automático.
Armas diversas. Se incluyen aquí procedimientos de lucha que figuraron ostensiblemente en las operaciones, con objeto de reducir la moral del enemigo y restarle combatientes.
La dinamita jugó un papel singular y sangriento en acciones que no llega ron a tener el alcance de un combate formal: la voladura de trenes, actos contra las obras de arte de los ferrocarriles y contra reductos semifortificados.
Muy socorrido fue el empleo de las "máquinas locas", dirigidas contra los convoyes militares o contra los de pasajeros que llevaban escolta.
También se emplearon algunos in genios, como las trampas para bobos, los lanzacohetes "Marileñarena" y los morteros "Higareda-Reed", estos dos últimos adelantados para su época y que fracasaron por la imposibilidad de construir granadas.
Tiempos aquellos en que faltaba escuela, pero sobraba valor.
Los Reglamentos de Infantería preconizaban todavía el "Cuadro contra la Caballería", al estilo napoleónico, y muchas fueron las "cargas" que marcaron la audacia y el poco deseo de vivir; para el combate frontal indicaban el avance por saltos, de secciones o compañías, constituyendo la línea de fuego, la primera; el apoyo, la segunda y la reserva, la tercera. La separación entre tirador y tirador debía ser de 75 cm. ¡rigurosos!
La intuición táctica de los revolucionarios y su escasez de municiones los obligaba, por el contrario, al aprovechamiento del terreno, aunque quedaran de 3 a 5 metros entre los tiradores de una cadena. La organización del terreno figura ya, sin embargo, en Torreón, Zacatecas y El Ébano; las llamadas "loberas", en Celaya.
Datos tomados de la monografía (inédita) Armas Empleadas en la Revolución, por el general Juan Zorrilla F. (1967).
Armamento Utilisado En La Revolucion De 1910
Fusil ametrallador.
El arma del pelotón.
No siendo orgánico de ninguna unidad en aquella época, se le encuentra empleado como ametralladora, pero en cantidad inapreciable. Existieron el Rexer y el Hotchkiss.
Subametralladora.
De empleo esporádico y reducido.
En las postrimerías de nuestro movimiento armado, llegó al país la sub-ametralladora Thompson, calibre 0.45" y modelo 1911.
Aunque esta arma emplea cartuchos del calibre indicado, con balas de 230 granos y 200 granos, aquí se empleó la última, que es el cartucho corriente para la pistola del mismo calibre. Sus principales características eran:
Velocidad en la boca: 308 m. Por segundo.
Alcance absoluto: 502 m.
Alcance efectivo: 65 m.
Emplea cargadores rectangulares de 20
cartuchos y cargadores circulares (tambores) para 50 y 100 cartuchos.
No tiene empleo táctico en el combate, si no es usada por tiradores especializados en la fase final del asalto; es un arma apropiada para policías mi litares. Puede usarse con su culata, desmontable, apoyándola sobre el pecho, o mejor, descansando en la cadera, lo que permite afianzar el tiro, pues tiene la tendencia a levantar la boca en el tiro automático.
Armas diversas. Se incluyen aquí procedimientos de lucha que figuraron ostensiblemente en las operaciones, con objeto de reducir la moral del enemigo y restarle combatientes.
La dinamita jugó un papel singular y sangriento en acciones que no llega ron a tener el alcance de un combate formal: la voladura de trenes, actos contra las obras de arte de los ferrocarriles y contra reductos semifortificados.
Muy socorrido fue el empleo de las "máquinas locas", dirigidas contra los convoyes militares o contra los de pasajeros que llevaban escolta.
También se emplearon algunos in genios, como las trampas para bobos, los lanzacohetes "Marileñarena" y los morteros "Higareda-Reed", estos dos últimos adelantados para su época y que fracasaron por la imposibilidad de construir granadas.
Tiempos aquellos en que faltaba escuela, pero sobraba valor.
Los Reglamentos de Infantería preconizaban todavía el "Cuadro contra la Caballería", al estilo napoleónico, y muchas fueron las "cargas" que marcaron la audacia y el poco deseo de vivir; para el combate frontal indicaban el avance por saltos, de secciones o compañías, constituyendo la línea de fuego, la primera; el apoyo, la segunda y la reserva, la tercera. La separación entre tirador y tirador debía ser de 75 cm. ¡rigurosos!
La intuición táctica de los revolucionarios y su escasez de municiones los obligaba, por el contrario, al aprovechamiento del terreno, aunque quedaran de 3 a 5 metros entre los tiradores de una cadena. La organización del terreno figura ya, sin embargo, en Torreón, Zacatecas y El Ébano; las llamadas "loberas", en Celaya.
Datos tomados de la monografía (inédita) Armas Empleadas en la Revolución, por el general Juan Zorrilla F. (1967).